Prólogo
Mi deuda con Paquito
D´Rivera es tan grande que cuando me pidió que le escribiera
el prólogo para esta edición de Mi vida saxual, no sólo me
sentí halagado, sino también “obligado”. Me explico: desde que
nuestro común amigo Nat Chediak me regaló en 1981 el primer
disco americano de Paquito, Blowin´, me convertí en una
esoecie de seguidor incondicional, y a lo largo de todos estos
años he esperado cada uno de sus discos con el mismo fervor
que espero cada nueva película de Woody Allen. Pero no sólo
eso, los discos de Paquito me han ahorrado el ginseng y todos
los reconstituyentes milagrosos que nos ofrecen los anuncios
publicitarios. La música de Paquito te pone en órbita sin
necesidad de drogas de ningún tipo, lo que es también un gran
ahorro para la salud. Si le añadimos que cada vez que,
escribiendo el guión de una película, me quedaba en blanco, o
estaba demasiado, su música me devolvía la energía necesaria,
la deuda acumulada puede llegar a ser superior a la de algunos
países de tercer mundo.
Dicho todo esto,
comprenderán que yo no dudase en escribir el Prólogo de su
libro. Es más, debería no sólo escribirlo sino, además, pagar
por ello. Pero sus editores no sólo no se han aprovechado de
mi drogodependencia paquitil, sino que, con inusual elegancia,
me enviaron el cheque antes de ponerme a escribir. O sea que
aquí estoy escribiendo para pagar la infinidad de deudas
contraídas.
Que un hombre
capaz de crear una música como la suya sepa además escribir, y
que tenga tiempo para ello, no deja de ser otro milagro
añadido. Sabida es la capacidad de Paquito como contador oral.
Es una enciclopedia viviente del jazz, de la música cubana,
pero también de historias de la vida, de anécdotas de las
personas, unas divertidas, otras trágicas, pero que él, con su
sentido de la vida y del espectáculo, convierte en algo
especial.
Paquito es divertido en la
vida, es divertido en sus actuaciones; cada presentación de un
tema, cuando actúa al frente de su grupo, es una pequeña joya
de vitalidad y de humor. Así que, como no podría ser de otra
manera, Mi vida saxual participa de ese mismo espíritu.
Paquito recorre en este libro su trayectoria vital y musical,
como dos vidas paralelas que se funden y se confunden la una
con la otra y crecen alrededor de ese tronco común que es
Cuba, la Cuba prerrevolucionaria de su infancia, la Cuba
castrista de sus años de juventud, y la Cuba del exilio, de su
madurez humana y musical. Y como su vida es inseparable de la
tragedia de su país, Paquito nos lo cuenta todo a la vez, en
una cascada imparable de recuerdos, anécdotas, reflexiones.
Opiniones, de una sinceridad desarmante, de una clarividencia
que no es nada “política”, es decir que no incurre en la
negociación ni en la claudicación, y a pesar de que yo hable
de tronco común y del árbol de la vida, Paquito no se anda por
las ramas. Va siempre directo al corazón, certero, implacable,
humano, divertido, apasionado, vulnerable y, si llega el caso,
lleno de piedad y compasión también.
Este libro es un
monólogo incontenible, que de tanto en tanto se abre a voces
invitadas, en el que el autor, sin intentar competir con
Proust, como tanto memorialista, jamás incurre en el ejercicio
literario, pero que sin es un gran almacén atiborrado de vida.
Una antología de anécdotas que van de lo desternillante a lo
espeluznante y que nos asoman al ambiente musical de toda una
época en la historia reciente de Cuba y que constituye, sin
pretenderlo, un fresco de personajes de todo tipo y condición
en una situación extrema y un testimonio muy valioso no
solamente desde el punto de vista musical sino también, y
sobre todo, humano, histórico, político y moral.
Podría dedicarme a
citar anécdotas impagables de las muchas que plagan este
libro, pero como habitualmente odio que me cuenten las
películas antes de verlas, no pienso incurrir yo en la misma
mala costumbre. Pasen y lean.
Otra de las cosas
que me han encantado de Mi vida saxual es su alambicada
estructura. Quizá en un primer acercamiento, con una mirada
superficial, el libro puede parecer desordenado. Pero nada de
eso, amigo lector. Muy al contrario, todas las vueltas atrás y
adelante, los flashbacks, las anécdotas que de pronto
irrumpen en una historia que luego se retoma, me han
demostrado que Paquito posee un dominio del montaje casi
cinematográfico. Y la construcción de este libro hace parecer
sencillas las películas de Alain Resnais de los años sesenta.
Porque además, todas esas disgresiones, interrupciones y
paréntesis, enriquecen la obra, la hacen avanzar con un ritmo
trepidante y perfecto y la hacen más amena y más compleja.
Cuando se trata de
actitudes humanas, la comprensión de Paquito es infinita.
Cuando se trata de cualquier atentado a la libertad de
individuo, no importa el tamaño de está, Paquito reacciona de
manera automática, como si en ese corazón lleno de música,
latiera el antiguo lema de los anarquistas ibéricos: “Ni Dios
ni amo”. Este es el libro de un ser libre.
Fernando Trueba
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